El mensaje colgado en Slashdot, la web de noticias especializada para informáticos, haría que hasta el corazón del más rudo se hiciera de pollo:
"El hermano de mi amigo se ha suicidado la semana pasada. Era un buen estudiante de informática, y lo iban a aceptar en una escuela muy prestigiosa". El suicida no había dejado nota, ni explicación alguna. La única pista podía estar en sus cuentas de correo de Gmail y Hotmail, y en su página privada en MySpace. "¿Sería ético intentar romper su contraseña en esta situación?", cuestionaba el autor del mensaje.La pregunta generó un largo debate. Las compañías de internet debían facilitar el acceso a los familiares, según unos. Otros argumentaban que, por muy triste que fuera el caso, no se podían revelar datos privados, ni siquiera tras la muerte del propietario.
No es un caso aislado. Los padres del integrante de la marina de EU, Justin Ellsworth, muerto en Irak, tuvieron que llevar a juicio a Yahoo! para acceder a su correo.
Cada vez con más frecuencia, los muertos se llevan a la tumba sus contraseñas, y con ellas el acceso a su correo, sus cuentas bancarias, obras inacabadas, mensajes con amantes clandestinos o, simplemente, la lista de sus contactos, conocidos y amigos, que no saben que ha partido hacia el otro mundo.
Antes, la correspondencia del fallecido aparecía en un cajón, al alcance de su familia y amigos. En el caso de los escritores de renombre, sus herederos podían incluso publicarla y obtener un jugoso beneficio. Pero una porción cada vez mayor de nuestra vida está en el ciberespacio, intangible.
Con apego al
dicho popular que reza: "lo único seguro en esta vida es la muerte", algunas
compañías ya están redactando normas para acceder a los datos de una persona
fallecida, aunque esto no es precisamente un trámite sencillo.
Google
permite acceder a una cuenta de Gmail si se proporciona el certificado de
defunción y un poder notarial en el que se cede el acceso a la cuenta.
El
proveedor America Online sigue la misma política, mientras que Microsoft es
algo más permisiva; si se certifica la defunción y la relación familiar con el
fallecido, se compromete a facilitar el contenido de la cuenta de Windows Live
Mail (antes Hotmail); eso sí, grabado en un CD.
La
compañía más restrictiva es Yahoo! Según los términos del contrato de Yahoo!
Mail, la información de la cuenta de correo es privada, y no se puede divulgar;
ni siquiera tras la muerte del propietario. Además, Yahoo! borra una cuenta a
los 30 días de inactividad.
Es poco margen para intentar recuperar los mensajes
de un fallecido, como los padres del marine Justin Ellsworth (véase el
recuadro) pudieron comprobar.
Su caso llegó a los tribunales, y sólo entonces
la compañía accedió a revelar la información necesaria. Sin embargo, ya hay
quien ha detectado hueco en el mercado: la funeraria digital.
Mercado emergente
El sitio web
Slightly Morbid almacena una lista de personas a las que se notificará nuestro
fallecimiento mediante un mensaje personalizado que el usuario guarda (en vida)
al crear su cuenta.
El sistema requiere de una tercera persona, que se encarga
de confirmar el fallecimiento y activar la notificación. El alta más barata
cuesta 9,95 dólares, y los militares en servicio tienen un descuento de un 20%.
Algo
parecido ofrece Legacy Locker, en cuyo caso ofrece al usuario una tarjeta con
un código. Con esto y la dirección de correo del propietario, cualquier persona
puede activar el envío de mensajes y revelar la información que el usuario
quisiera legar.
La cuota de 299 dólares proporciona el servicio de por vida. En
greatgoodbye.com, otro de los sitios de ultratumba, las cuentas de mayor precio
permiten almacenar videos y grabaciones en MP3. En este caso, los mensajes se
activan cuando una persona de confianza introduce un código para notificar la
muerte del usuario.
El
fastidio de depender de otras personas se puede evitar con servicios como
DeathSwitch, en el que el usuario debe acceder a su cuenta periódicamente para
confirmar que está vivo. Si el sistema no recibe respuesta en un tiempo
determinado, se activará el envío de mensajes contratado.
Cuesta 20 dólares al
año, y permite componer hasta 30 mensajes de correo, cada uno con 10
destinatarios diferentes. En caso de que el usuario sea un despistado, puede
anularlo.
El
más seguro de todos, sin embargo, es farawayfish.com. En este servicio se
selecciona no a una, sino a tres personas de confianza para confirmar el fallecimiento,
de las cuales, al menos dos deben contestar.
Además, antes que cualquier otra
cosa, se envía un mensaje de confirmación por SMS al propio usuario, que en
caso de estar vivo puede cancelarlo todo.
Tú
eliges, pero te recomiendo que dejes atado tu legado digital cuanto antes.
¡Descansa en paz también online!